Si. Hay que blanquearlo.
Todo hombre de bien, laburador y medianamente inteligente merece tener una panza a la vista de los demás.
O sea, imaginemos un minuto la vida sin nuestra panza y nos vamos a dar cuenta de que no existimos sin ella.
Vas al baño a la mañana recién levantado, te lavás los dientes (alguno más osado capaz que se baña, viste, que hay gente para todo) y después tenés esos 45 segundos donde entablás una mini-conversación con ella. Sí, con tu panza.
Al principio es como que la mirás a través del espejo y decís: “Mirá que sos hija de puta, no te puedo creer que estés más grande que ayer, y eso que no comí el turrón que me convidó mi compañera de laburo”.
Después de esa ráfaga de violencia, te viene el cargo de conciencia, bajás la vista y la ves ahí. Sola, aforma, pero siempre al lado tuyo acompañándote en las buenas y en las malas. Levantándose con vos a las 7 de la mañana para ir a laburar. Y antes de que se te piante un lagrimón, la abrazás con las dos manos y le decís: “Tranquila bebé, papi está acá y no te va a dejar nunca sola”.
A lo que le sigue una posterior levantada de cabeza, una nueva mirada al espero y la exclamación a viva voz, con voz de coloso y la emoción a flor de piel:
“TODAVÍA ESTOY FLACO, EL LUNES EMPIEZO A COMER MENOS”.
Ni vos, ni tu novia, ni tu vieja, ni tus amigos, ni tu perro, ni el bonsái de la vecina, ni el rengo del quiosco y mucho menos tu panza te lo creen. Pero en ese momento es como que todos los planetas se alinean y te auto-convences de que sí lo vas a hacer.
Es entonces cuando salís del baño feliz de la vida. Dispuesto a ponerle el pecho, o mejor dicho, la panza al nuevo día. Con la plena seguridad de que no vas a hacer un carajo la dieta, ni nada que te quite la panza, porque después la vas a extrañar.
Pensemos por un ratito lo que debe ser la vida del flaco que sale en pelotas en las publicidades de Eyelit. ¡Por favor!
¡NO TIENE PANZA! Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! (entré en pánico).
Alguien se puede dar el lujo de decir: “Me siento una persona íntegra”, sin tener panza?
No lo creo. Es como si te faltara un riñón. O como si fueras nadador y tenés funcionando un pulmón solo. O como Barnie si fuera de color verde fluor. O como Tito Morán de 100% Lucha sin su palanca al piso. O como un helado Epa sin el dulce de leche al final del cucurucho.
¿Me explico? Es inconcebible. Una verdadera abominación. Yo si soy el flaco de la imprenta que imprime los carteles le tacho la cubetera esa que tiene y le dibujo una lata de Duff en el pecho con liquid paper.
¡Basta! ¿A quién le venden un slip con esa publicidad? Pongan hombres de verdad carajo, mierda. Pongan a la Tota Santillán en Cabildo y Juramento en una tremenda gigantografía y les aseguro que venden 4 veces más. Pongan a Larry de Clay en bóxer, y de paso lo hacemos laburar, que hace 4 años que ni se para en lo de Tinelli (ese tipo no merece la panza que tiene).
Y para colmo tenemos a Pancho Ibánez. Sí, Pancho Ibánez. Un tipo que nunca hizo nada en su vida y dice que trabaja de "hablador". Y pasó de “La Aventura del Hombre” a “Tiempo de Siembra”; y ahora se la pasa vendiendo yogurt para que tengamos en el organismo todos los semáforos en verde y eliminemos el tránsito lento.
Cómo podemos permitir que el señorito, con todo el tupé que lo caracteriza, nos diga lo que nos hace bien y lo que nos hace mal.
¡LOCO! A mi panza le gustan las picadas, la cerveza, el maní, la Cindor con Óreo a la tarde, los ravioles del domingo y para colmo... a mí también me gustan esas cosas!
O sea… no las voy a dejar de comer por vos Pancho Ibáñez. Te lo aclaro. (Por favor, que jodido este tipo).
Así que bueno. Un nuevo axioma finalizado. Saludos a todos y espero el apoyo de los propietarios y criadores de panzas conocidos que son varios.
Ma bien!
